Mi vida en familia fue llena de amor, de trabajo, obligaciones y restricciones, mi infancia transcurrió entre mis hermanos y los juegos, así como el aprendizaje con muchos maestros, de quienes aprendí la Torá y los principios de la vida ordenada en el Espíritu.

             La Judea de entonces era un pequeño pueblo, con casas aisladas, construidas con el mismo material que la tierra desértica proporciona. Nuestra casa era un gran salón que servía al mismo tiempo de cocina, dormitorio y albergaba algunos animales domésticos.

Mi madre y mis hermanas se hacían cargo de elaborar los alimentos, que consistían principalmente de panes sin levadura, que se preparaban con el trigo que cada familia sembraba en sus tierras. Además consumíamos lácteos obtenidos de ovejas. El consumo de carne era escaso, los animales nos eran más útiles vivos, nos daban sustento por más tiempo.

En ocasiones especiales comíamos cordero y algunas hierbas de sabor amargo, cultivadas también por nosotros. Los olivos nos enriquecían con sus frutos y su aceite que daban un especial gusto a la comida.

A mi Madre María le encantaban las rosas que también cultivaba en nuestros terrenos y adornaron nuestra casa siempre, dentro de un jarrón de barro.

Las calles, las casas, y los utensilios parecían formar parte del mismo paisaje terroso y grisáceo de nuestra tierra, sólo los olivos y algunas vides daban su color verde en ciertas épocas del año.

             Es extraño, para las personas, escuchar que estudié la Torá, beneficio que se reservaba a unos cuantos, pertenecientes a niveles sociales más elevados, pero Yo me colaba en las sinagogas a escuchar las enseñanzas de los rabinos, hasta que era descubierto y expulsado, por no pertenecer a la estirpe de los rabies.

Pero a fuerza de mi persistencia y necedad, fui aceptado, finalmente, como alumno distinguido. Mi empeño y sed de conocimiento me llevaron a grandes discusiones con los ancianos rabinos, siempre fui calificado de rebelde, pues nunca acepté a pie juntillas las enseñanzas, y siempre juzgué desde el corazón y también desde la razón.

En plena adolescencia, Yo ya era un experto en las Escrituras Sagradas, lo que me valió el título de: Maestro o Rabí y comencé a hablarles a las personas del amor al Padre, del amor de unos a otros, de la justicia Divina… cuando conocí a un anciano maestro que estaba retirado en las cuevas de Qumrán y que me invitó a seguirlo.

Cuando llegué a este lugar, me di cuenta de cuantas personas vivían apartadas del mundo judío, dominado por los romanos y que encontraban la paz tanto espiritual como física en este espacio.

A manera de túneles y cámaras, excavadas en la montaña pedregosa, existía una especie de monasterio, en donde se albergaban judíos disidentes retirados del mundo y dedicados al estudio y al cultivo del Espíritu.

Poco se hablaban entre sí, las enseñanzas se basaban más en las acciones y en la vida recta, dedicado al trabajo: cultivo de la tierra, cuidado de animales domésticos y de carga, y sobre todo a la meditación en el Espíritu.

Poco a poco afiné el oído y comencé a escuchar a mi Padre, mi Creador, el Dios Universal. Y mi comunicación con Él cada vez fue más fluida, de manera que, nos pasábamos largas horas conversando acerca del propósito de mi presencia en la Tierra.

Los más sabios de esta comunidad me ayudaron a entender también mi misión, y poco a poco, entendí toda la preparación, que mi Creador facilitó, para que Yo pudiera cumplir con mi misión: llevar al mundo las Palabras de mi Padre: Amarse y respetarse los unos a los otros, así comencé el camino de regreso a mi Padre.

PD actual 1361

 

Pasé varios años con este grupo de personas y cuando comprendí la gran responsabilidad de lo que debía ser, así como el trago amargo que pasaría para dejar el testimonio de mi existencia y enseñanzas en la Tierra, ¡tuve miedo! Como cualquiera de ustedes que sepa que será humillado, torturado y asesinado.

Tomó tiempo para que Yo lo asimilara. El retiro en la soledad me ayudó a darme cuenta del honor de servir a mi Padre y a la humanidad, y regresé a Judea fortalecido y convertido en un hombre, que aunque joven, estaba listo para luchar por mi pueblo y por el mundo.

Caminando por las cercanías de Judea conocí a una joven de ojos color miel y rostro pálido, pero con una sonrisa que iluminaba su figura: María y venía de Magdala, pueblo de pescadores, acompañando a su padre, en sus travesías de negocios a pueblos lejanos. Ella y Yo cruzamos las miradas y algo pareció identificarnos: ¡tú y Yo nos conocemos!

Yo continué mi obra entre la gente, enseñando lo que mi Padre me dictaba: “Amaos y respetaos los unos a los otros” palabras que aunque parezcan muy simples, han sido las más difíciles de asimilar, aún hoy día, la humanidad no las comprende. Me di cuenta que era más fácil predicar con el ejemplo y empecé a hablarles en parábolas, que además me daban más seguridad, pues ya mi fama había llegado a oídos del Emperador Romano, quien no se preocupaba, siempre y cuando, no amenazaran sus intereses políticos, económicos o de poder.

PD actual 1362

 

Poco a poco, la gente se acumulaba en el campo, en los caminos, en algún sembradío o en alguna casa y las Palabras de Dios se compartieron. Aunque sé que muchos corazones no se abrieron, sé que otros más fueron tocados por el poder de Dios, y mucha gente empezó a caminar mis pasos, entre ellos la joven con ojos amielados: María Magdalena, que en poco tiempo se convirtió en mi fiel seguidora. Los viajes con su padre le habían dado la oportunidad de aprender, mucho más, que a cualquier otra mujer, de su época. Comenzamos un camino juntos, como si siempre lo hubiéramos estado, la ternura y la comprensión nos abrazaron y contra todo lo dispuesto por las leyes, nosotros decidimos unirnos en Matrimonio: las Bodas de Caná.

PD actual 1363

 

Acudieron muchas más personas de las que pensamos llegarían y como obra maravillosa y regalo de Dios, la comida y el vino abundaron; el sustento para la vida proviene de la confianza en Dios proveedor, quien siempre da pan al hambriento y agua al sediento, así, Él proveyó todo lo necesario en esta gran ocasión, para María Magdalena y para Mí. Verdaderamente fuimos dos enamorados que lograron unirse en cuerpo y espíritu, al amparo de Dios.

Continuamos juntos, ella como esposa y fiel discípula, en compañía del resto de los apóstoles, que siempre recelaron de ella, por ser mujer y por considerar, que ella debería permanecer en casa, al cuidado siempre, del fuego del hogar.

Sin embargo nosotros nunca hicimos diferencias ni estigmatizaciones por la diferencia de sexo, y a ella, mi mujer, le di el lugar que corresponde a todas las mujeres, en igualdad de derechos y condiciones, igual que al hombre.

            Este trato, diferente al resto de las mujeres, la hizo acreedora al odio y agresión de muchas personas, que la calificaron de prostituta, por la sencilla razón de caminar al lado de los hombres. Por calumnias y supercherías, se le acusó también de estar poseída por siete demonios “Que Yo mismo expulsé”. El pueblo pensaba, que valiéndose de esto, ella me retenía, sin darse cuenta de que sólo el amor más puro era nuestro lazo.

María Magdalena, como la llamaron, para distinguirla de otras Marías, pronto aprendió todas mis enseñanzas, fue mi discípula preferida, no sólo por el amor profesado entre ambos, sino por su gran amor y lealtad al Padre, así como su valentía para apoyar mi misión, a costa del repudio y desacreditación de las que fue victima.

PD actual 1364

 

Pasábamos las tardes en los huertos, rodeados de gente, que con gran anhelo, escuchaba las “buenas nuevas” de: libertad en hermandad, e igualdad en Justicia Divina.

Cada vez, más seguidores se adhirieron al movimiento de libertad para el cuerpo y el espíritu, hasta el punto que empezó a ser amenazante para el gran Imperio Romano, y empezaron a enviar a sus soldados, a enterarse de las intenciones y del interés de tanta gente, reunida, a mi alrededor. Pronto se dieron cuenta de la amenaza para la ocupación romana en Judea y en los pueblos aledaños, y de la gran pérdida, que tendrían, si la gente se unía en rebeldía contra ellos.

Yo sabía, desde el día de mi Bautismo en el Jordán, por mi primo Juan, -que por cierto, era muy excéntrico, pues vivía en soledad y se alimentaba exclusivamente de hierbas, y por vestimenta llevaba una piel de camello- que el siguiente paso me llevaría al dolor extremo de mi misión: la separación de mi esposa encinta, así como la tortura y humillación de ambos, y el martirio que casi me llevó a la muerte, y que por obra de Dios, logré pervivir.

Estando en el monte de los olivos y rodeados no sólo de los apóstoles y guerreros, sino de una multitud, fuimos apresados María Magdalena y Yo. Los dos descalzos, fuimos amarrados por las manos y arrastrados por los soldados romanos, montados sobre sus caballos. Nuestras manos y pies sangrantes no fueron argumento para su piedad, y así, fuimos conducidos ante Poncio Pilato y varios miembros del Sanedrín, a un juicio a puerta cerrada, que estaba fuera de toda Ley, pero que era urgente, para que nadie tuviera tiempo de recapacitar y protestar, por las injusticias que se estaban cometiendo.

PD actual 1365

 

María Magdalena, golpeada, insultada y humillada, fue expulsada de este lugar y Yo permanecí ante el juicio y la tortura de los verdugos romanos y aún más: de muchos judíos, que también me insultaron, me desconocieron con repudio a lo que ellos llamaban mentira: Él no es el Mesías que esperamos”.

El dolor del cuerpo y del alma es indescriptible, sólo mi Espíritu permaneció incorrupto. Mi sangre brotó por todos mis poros, mis huesos fueron fracturados, el dolor me hizo caer casi en la inconsciencia, que para Mí, fue la oportunidad para escapar de la tortura y resguardarme en la presencia de mi Padre.

Poco a poco fui perdiendo la consciencia, la pérdida de sangre, la deshidratación, el dolor fuera de serie y la asfixia, por encontrarme sostenido por los brazos, atados a la cruz, y mi cuerpo colgante me hicieron caer en la inconsciencia, que en un instante se interrumpió, por la espada clavada en mi costado, y que descargó la sangre acumulada en mi tórax, derramada por los golpes y aunque penosamente, me salvó milagrosamente de morir, pero no de quedar en esto inconsciente. Mi cuerpo ya no sentía, era ajeno a , YO ESTABA CON MI PADRE, y mis palabras a Él fueron:

 

¡Padre: he cumplido, estoy ante Ti, he recogido con mi sangre toda la maldad humana, y les he mostrado el camino de regreso a Ti, a través del amor!

 

PD actual 1366

 

Mientras Yo descansé en el éxtasis de la presencia de mi Padre, mi cuerpo inerte fue bajado de la cruz, ante el dolor desgarrador, de mi Madre y mi amada Esposa.

Creyéndome muerto fui envuelto, con una manta de lino a la usanza judía, que fue donada por mi gran amigo y protector: José de Arimatea, que fue quien sin hacer ninguna demostración, se dio cuenta de que estaba con vida. Fui depositado en una cueva, en donde eran depositados los cadáveres de sus familiares, para hacer creer a todos que había muerto, incluso mi Madre y Magdalena lo creyeron, y más tarde fui rescatado por él, quien me condujo, junto con gente de su confianza, a un lugar apartado de su propiedad, en donde me prodigó cuidados, hasta que poco a poco, mi cuerpo fue sanando.

Mi Madre y María Magdalena fueron avisadas de que Yo vivía, todo esto bajo mucho hermetismo y cuidado, ya que todos corríamos peligro, tanto nuestros protectores, como nosotros.

La primera en llegar a verme a la casa de José de Arimatea, (a una de sus propiedades ya que él era un hombre rico) fue mi amada María Magdalena, quien después de tanta desolación y sufrimiento, me miraba de nuevo a los ojos, que en ese momento aún eran marchitos. Ambos nos abrazamos con el gozo del gran amor que nos tenemos, ya su embarazo era notorio. Días después llegó mi madre y también en medio de lágrimas nos abrazamos y comenzamos a planear como sobrevivir y rescatar al hijo que venía en camino, así como continuar la misión para la que fuimos enviados.

La ocupación romana y las revueltas judías convirtieron a Judea en una tierra insegura, peligrosa y agresiva, además de la gran carencia de alimentos y suministros para la vida. Los consejos de José de Arimatea fueron, que guardáramos el secreto de mi sobrevivencia, al resto de las personas, y que en medio de las sombras de la noche, nos marcháramos por diferentes caminos.

            Nuestro protector nos facilitó los medios para irnos. Yo me encaminé al oriente, junto con mi Madre, que insistió en no dejarme. Yo aún estaba débil y enfermo y María Magdalena fue forzada por el bien de nuestro hijo a irse a Europa. Tras una larga travesía llegó al sur de España, acompañada por Santiago y algunos otros que la cuidaban y protegían. Al llegar a estas tierras, Santiago siguió su camino para continuar predicando las buenas nuevas, una parte de él la conocen como la ruta de Santiago.

María Magdalena llegó a Francia, próxima a dar a luz.

Siempre bajo la protección de grupos que creyeron en , ella continuó la vida refugiada en la maternidad y en la escritura de lo que fue nuestra vida juntos: el Evangelio de María Magdalena, que narra la verdad acerca de la misión que cumplí entre ustedes, así como los horrores que vivimos por ser el Hijo del Hombre enviado por el Padre. Su trabajo ocupó el resto de su vida entristecida por la separación, a la que nos vimos obligados.

Mi Madre y Yo nos fuimos al oriente, estuvimos por temporadas en diferentes tierras, siempre ocultando nuestra identidad, hasta que llegamos a un lugar lejano, cerca de la India, en donde sus creencias religiosas eran ajenas a nuestras personas. Fue ahí en donde nos establecimos. Habían pasado muchos años para llegar a puerto seguro. Mi Madre, aunque joven aún, se encontraba agotada y triste por la separación del resto de la familia: José y mis hermanos, que permanecieron en Judea, hasta el día de su muerte. Excepto Tomás, que poco tiempo después se unió a nosotros.

PD actual 1367

 

¿Qué hiciste en la India?

Llevar una vida sencilla es posible en cualquier lugar y la India, en especial, es bondadosa. Lo primero fue construir un lugar habitable. Nosotros nos ubicamos en un valle fértil al pie de las montañas (el valle del río Indo). La riqueza natural nos proveyó tanto de alimentos como de los materiales para construir una casa.

Nuestro aislamiento fue efímero, ya que empezamos a conocer a las personas de los alrededores, al principio el idioma fue una barrera, sin embargo la bondad de la gente sencilla no necesita palabras para comunicarse, y desde esta bondad también tuvimos alimentos.

En esos días las personas producían sus propios alimentos, cuidando los animales domésticos y cultivando la tierra, igual que en Judea. Nunca dejé de pensar en María Magdalena y el hijo (hija) que nunca conocí. Aun en la distancia siempre los amé con la certeza de la reciprocidad.

Escribir se convirtió para mí en una de mis principales tareas, además de predicar el amor al prójimo, que tuvo mucho más comprensión en estos lugares, que aunque con creencias diferentes al judaísmo, asumen la responsabilidad de sus acciones.

PD actual 1368

 

En la India aprendí del Hinduismo y del Budismo y comprendí la diversidad de formas que Mi Padre tiene para llegar al corazón de cada ser humano: en las diferencias y en las similitudes, pero ante todo, la enseñanza central, en todas las filosofías y creencias religiosas, es el Amor Universal.

Conviví también con monjes budistas que compartieron conmigo sus enseñazas: el amor y la compasión hacia todo ser viviente.

Cuando mi Madre murió, Tomás y Yo continuamos nuestro camino por diversas tierras, compartiendo y aprendiendo con estas bondadosas personas, en cuyo país encontramos refugio, sustento y paz.

¿Qué si tuve otras parejas? No, mi amor siguió vivo el resto de mis días.

Al llegar la vejez, Tomás y Yo sabíamos que pronto nos uniríamos al Padre, primero Yo y al poco tiempo él, la jornada fue larga y ardua, pero al fin, volveríamos a reunirnos.

¿En donde está mi tumba?

No existe, mi muerte fue como la de cualquier humano de condición humilde, de quien no quedan restos mortales. Mi espíritu ascendió a mi Padre con quien volví a reunirme despojado de la materia, que fue el vehículo para habitar entre ustedes.

PD actual 1369

 

 

Continúo habitando entre ustedes, ahora desde el Espíritu, y también continúo con la misión que comencé hace más de 2000 años:

 

La comunicación con el hombre en el más puro amor, que les permitirá convertirse en una raza diferente a la que son hoy:

 

Se amarán los unos a los otros,

no existirán fronteras,

y hablarán la misma lengua.

 

Cuando todos se reconozcan como hermanos, comprenderán porqué Dios descendió a habitar entre ustedes: para que sean a imagen y semejanza de su Creador.

 

La humanidad ha tenido varias oportunidades de evolución y no ha logrado este propósito: regresar conscientemente a su origen. Actualmente son una humanidad adulta con recursos tecnológicos, culturales, sociales y próximos al despertar del Espíritu.

 

Yo Jesús,

continúo con ustedes.

Soy su guía.

PD actual 1370

 

+++ 

 

Memorias de

María Magdalena

             No es ningún secreto, la prohibición a las mujeres, no solamente a la educación, sino a la expresión misma de sus opiniones, todo cuanto he vivido y aprendido en compañía de mi amado Jesús ha permanecido en silencio por siglos y lo que se ha comunicado, ha sido mediante la interpretación de otros hombres, que por su misma naturaleza, no comprenden la visión femenina en ésta misión de la que participé.

            Es verdad, fui la pareja de Jesús y madre de su descendencia, pero ante todo fui fiel seguidora de sus enseñanzas.

            Aprendí con Él, la responsabilidad que conlleva ser consciente del Origen Divino de todo ser humano: responsabilidad que descarta al sufrimiento, como castigo o ira de Dios hacia sus hijos, es en esta consciencia en la que comprendí que las Leyes Universales nos rigen, siendo la causa, el origen de los efectos, que percibimos como nuestra realidad.

            Nadie más es responsable por nuestros gozos o nuestros pesares, es “El libre albedrío” quien los gobierna.

            Sé que estos preceptos, eliminan la intercesión de las religiones, pues Dios, Creador del Amor y de las Leyes Universales, confía en el despertar de la humanidad y en la responsabilidad implícita en la co-creación con Él.

            Esta época caracterizada, por la desconexión con el espíritu, y por lo tanto con El Origen Divino, matiza todas las acciones del hombre: hacia sus hermanos, la naturaleza y a todos los componentes de la Creación; actuar que lo convierte en víctima y victimario.

            Jesús predicó el AMOR de unos por otros, como el camino para llegar al Padre.

            En el AMOR existen: el respeto, la comprensión, la compasión, la tolerancia, la igualdad y sobre todo: la unión, no solamente entre los seres vivos, sino en el Universo entero.

             Es en el AMOR, que comprendí sus enseñanzas y el camino al Padre, tal como hoy, lo sigue enseñando:

 

Amarse y respetarse los unos a los otros, así como Dios los ama.

        Esta hoja es el resumen de lo que es la vida real de la humanidad, no sólo actual, sino a través de su historia, son muchos siglos transcurridos tratando de hacerla consciente y México es el ejemplo de como puede cambiarse de la maldad al amor de unos por otros: esa es la evolución.

PD actual 1360

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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